TODO EMPEZÓ POR EL CALOR DE LAS SABANAS




El agua prepara la cocción para el té
y la cama reclama que la deje
preparada para el día.

Al coger las sabanas siento el calor,
en mis manos
y mi cuerpo se sobrecoge.

Dulce mi asistenta, nunca nombró
el calor de mis sabanas
y ese día decidí que solo yo
podría hacer mi cama.

Que solo yo podía sentir
el frió de la otra orilla
donde tú ya no estabas.

Puñales cobijados en la perdida
salen por el balcón de la alcoba.
Era el día más adecuado,
no querían seguir troceando recuerdos.

Pero uno grabado con tu nombre
calló al suelo,
y lentamente, pensando en ti, lo recogí.

Me serviría para limpiar mi paleta.
Me serviría para pelar manzanas rojas.
Me serviría para mancharlo de óleo purpura y olerte.
Me serviría para colorear mis poemas,
ó
cortar el cordón umbilical del
recién nacido.

La tetera se quedó sin agua,
nunca hubiera podido pensar en tanta similitud.

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